Por: Rigoberto Puentes

Durante estos primeros días del año los mercados de valores andan eufóricos por el acuerdo logrado en los EE. UU. entre el congreso y el presidente para solucionar el llamado “abismo fiscal”. El índice S&P-500 alcanzó su máximo nivel en cinco años (1.466) y, al paso que crece, se dirige a superar su máximo histórico (1.550).

Sin embrago el tal arreglo no fue más que un “correr la arruga” para salir del paso y evitar el posible colapso de la economía del país del Norte y -por ende- la del resto del mundo. Todo lo que se logró fue aumentar los impuestos a los más ricos y posponer las decisiones de fondo para el mes de marzo. Lo cual hace del primer trimestre de 2013 un período muy interesante (¿o estresante?) para la economía mundial y por tanto para los inversionistas en los mercados de valores.

El famoso “Fiscal Cliff” – o abismo fiscal – sigue sobre el tapete pero ahora con otros nombres, que los especialistas separan en tres segmentos:

1)    El techo de la deuda pública

2)    El recorte automático de gastos que debía iniciarse en enero de 2013

3)    La aprobación del presupuesto definitivo

En cuanto al primer punto, la deuda pública ya superó el umbral de $16.4 trillones (billones para nosotros) aprobados por el congreso en agosto de 2011, pero el gobierno seguirá endeudándose amparado en una resolución temporal que le permite hacerlo así por los próximos dos meses, hasta el 27 de marzo de 2013. Antes de esta fecha el congreso deberá aprobar un nuevo aumento. De no hacerlo, los EE. UU. se verían abocados a incumplir sus pagos y a ver reducida su calificación crediticia, lo cual traería consecuencias muy serias para el sistema financiero global.

El recorte automático de gastos decidido en agosto de 2011 como parte del acuerdo para aumentar el techo de la deuda que debía iniciarse el 2 de enero de 2013 fue pospuesto por dos meses. El congreso tendrá que volver a discutir sobre el mismo y tener una respuesta  antes del 1° de marzo de este mismo año.

La aprobación del presupuesto definitivo es otro de los temas que tendrá que resolver el nuevo congreso. El gobierno de los EE. UU. está funcionando con un presupuesto provisional, aprobado en septiembre (al vencerse el año fiscal) por una resolución temporal del congreso anterior, que le provee de fondos para operar hasta el 27 de marzo de 2013. Para ese entonces el congreso tendrá que haber logrado una aprobación definitiva.

Todo parece indicar que el congreso no la tiene fácil. Se trata de tres temas que han sido discutidos arduamente y sobre los cuales no se ha logrado acuerdo. Tienen a su favor, sin embargo, el hecho de que los legisladores están recién elegidos y, por ahora, no tienen la preocupación de su reelección inmediata, como ocurría antes de las elecciones. De todas maneras los temas por resolver son espinosos.

¿Cómo repercutirá lo anterior en los mercados de valores? Es muy difícil predecir lo que ocurra, porque, como dice Warren Buffet, “… el mercado de valores es maníaco-depresivo”. Sin embargo, podría atreverme a anticipar que todo depende de una decisión política más que económica: si el congreso y el presidente llegan rápidamente a un acuerdo amigable (no necesariamente un buen arreglo económico) la bolsas continuarán su rumbo creciente; pero si la batalla se presenta igual que la del pasado “abismo fiscal”, a finales de 2012, o la del “techo de la deuda” en agosto de 2011, entonces veremos un desplome significativo de los precios de las acciones de Wall Street que, muy probablemente, se extienda a todas las bolsas del mundo.

Conclusión: Una estrategia de inversión arriesgada pero muy lucrativa, si resulta, consistiría en aprovechar el alza actual de los precios de las acciones para vender en corto y luego recomprar en febrero, cuando los precios se desplomen a causa de la incertidumbre causada por la posible batalla campal que se desarrolle en Washington. Por supuesto, se trata de una estrategia sugerida solamente para  especuladores expertos, quienes no requieren de explicaciones sobre el significado de “vender en corto”. Los inversores más conservadores deberán actuar con cautela, preparándose para cualquiera de los escenarios.